El uso de la costumbre

Cuando eramos chicos, nos solían decir, esto está mal, no se hace, y nosotros, reforzados a veces por un soplamoco, o a través del uso de la razón, no lo volvíamos a hacer, o al menos lo pensábamos dos veces, y algunas veces, cuando preguntábamos el porque de ciertas cosas, nos decían, porque es la costumbre, y la costumbre iba desde, dormir la siesta a la tarde, esperar a que el nono se mande el primer bocado de comida antes de poder comer uno, brindar para el cumpleaños, o irse a la cama rezando un padrenuestro, un avemaría y la oración al ángel de la guarda, era la costumbre…

Existen, en nuestra sociedad, normas, que reglamentan comportamientos, normas que reglamentan formas, normas que nos indican cómo deben hacerse, ciertas cosas, por ejemplo: existe una regla o norma, referida a nuestra forma de hablar, que expresa, que los nombres propios, no deben, jamás ser precedidos por un artículo, es decir, Norma, Carlos, Juan, nunca debieran ser, la Norma, el Carlos o el Juan, pero, nos acostumbramos a decir, ¿”che como está la Norma”? “Viste, el Juan se puso de novio…”, “me contaron que el Carlitos consiguió trabajo en Francia”…

Y ahora, nos suena natural, normal y hasta nos parece que está bien, decir, el Juan, el Carlos o la Norma, la costumbre, reemplazó a la regla, la costumbre se hizo carne y ahora, más allá que exista una forma de hacerlo bien, el uso de la costumbre dicta algo diferente.

Y así como, en tal banalidad, como “el Carlos”, la costumbre ha reemplazado a la regla, lo preocupante y alarmante, radica en costumbres que están reemplazando reglas que no deben, ni pueden ser reemplazadas.

Que la sociedad en general, esté “acostumbrada” a que un político debe ser corrupto, debe robar, debe siempre anteponer sus intereses a los de la comunidad, es preocupante, es aberrante y es un mal mucho mayor que el político corrupto en sí mismo.

La costumbre dicta que, por mas que haya leyes que establezcan que robar, levantar falso testimonio, aprovecharse de un cargo o situación de poder para obtener beneficios personales, son delitos que deben de ser penados, hemos sido vencidos por la costumbre, que dice que, aquellos que ocupan un cargo público deben de ser ladrones, deben de ser chantas, y que seguro todos son iguales, entonces, nos acostumbramos y dejamos que pase, total, es la costumbre.

Y esas son costumbres, mucho más preocupantes, que el Carlos, la Norma o la Marta, y me aterra pensar que, en mi ciudad, mi provincia, mi país, estamos acostumbrándonos, estamos bajando los brazos, ante la costumbre, y si un Intendente, vela por sus intereses antes que por los de la ciudadanía, si un Ministro exige a la ley que mire hacia otro lado ante su paso, porque el es un Ministro, si un Presidente, desvía fondos destinados a la protección del Medio Ambiente, de nuestro mundo en el que vivimos, al Fútbol para Todos, si un Gobernador, construye la fachada de una escuela, y me dice que construyó una escuela, es algo grave, más que grave, pero, más grave que ésto aún, es que luego del ardor inicial y de la bronca de dos minutos al escuchar la noticia, nos encojamos de hombros y digamos, “pero, que podés esperar de éstos… si son todos iguales… políticos…” y luego, volvemos una y otra vez a votarlos y a mantenerlos en el poder, porque… querramos o no, cedimos a la costumbre, y a costumbres mucho más preocupantes y perturbadoras, que la Norma, el Carlos o el Juan.

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3 comentarios en “El uso de la costumbre”

  1. El Beduino Dijo:

    En mi trabajo convivo con Cordobeses habitualmente. Al principio me generaba rechazo que dijeran “El Carlos” “La Ana” porque al menos en Buenos Aires así solo habla la gente muy poco instruída. Poco a poco me acostumbré. ¿En Santa Fé también hablan así?, la gran puta!

    Coincido en el Post, yo me hago mucha mala sangre por todo, desde gente tirando papelitos, hasta autos pisando las líneas peatonal o “arreglos políticos”.

    No me acostumbro a que se trasgredan las reglas siempre, dentro de 40 o 50 años les digo como me fue.


  2. supongo que dentro de 40 o 50 años vamos a estar los dos o reventados como un sapo de un ataque de presion, o finalmente habremos conseguido infundir conciencia a fuerza de voluntad y quizas podamos desde nuestros espacios literarios, educar a la gente para ser mejor…

    naïve lo mio.. pero bueno.. el emperador del universo conocido puede permitirse una cuota de ingenuidad de vez en cuando ;)

  3. Tota Dijo:

    De a poco voy comprendiendo mas esta idea, en resumen, somos argentinos, ni españoles, ni italianos, ni suecos, ni suizos…después con mas tiempo desarrollo la idea….


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